Buscar
  • alfredolopezj

La muerte de un príncipe consorte

El duque de Edimburgo, el marido por más de 73 años de la Reina Isabel, murió después de un deteriorado estado de salud. Aun así, la corona anunció en un comunicado oficial que su partida a los 99 años fue en paz y en su residencia del palacio de Windsor.


Nieto de Jorge de Grecia e hijo de Alicia de Battemberg de Dinamarca, fue un consorte que no sólo tuvo que acostumbrarse a caminar varios pasos más atrás de su mujer, sino que además tuvo que renunciar a su religión griega ortodoxa y a su propio apellido. Hasta hoy sus hijos y nietos llevan el apellido Windsor prácticamente impuesto por el estado británico como una manera de alejarse completamente de las conexiones familiares del duque con el antiguo régimen nazi alemán. Cuando se casó con Isabel, parte importante de su familia no pudo asistir a la ceremonia en la abadía de Westminster, incluidas tres de sus hermanas que estaban casadas con oficiales colaboradores de Hitler, algo que después de la Segunda Guerra Mundial no era visto con buenos ojos.

Amante de la caza, el polo, los aviones y la tecnología, fue un activo miembro de la familia real, con una de las agendas más pesadas del clan.

Deportista, metódico y dueño de un humor sarcástico y muchas veces sin tacto, se le conocieron más de seis amantes. La mayoría mujeres del teatro y la danza.

La reina, inmutable y siempre concentrada en sus tareas, nunca hizo comentarios ni alardes sobre la vida oculta de su marido. Un hombre que llegó a su vida para ser su principal apoyo, un pedestal permanente de cara a una nación y al mundo.

Sus funerales, en medio de la pandemia que ha sacudido a la capital londinense, se harán públicos en las próximas horas.

2 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo